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126 mujeres
condenadas a muerte por el Tribunal Especial iraquí : La pena de
muerte es un crimen, en Irak como en cualquier otra parte
Cuando publicamos los manifiestos
sobre las condenas a pena de muerte y las ejecuciones
extrajudiciales en tiempos de Sadam Husein, la oposición iraquí hizo
suyos nuestros manifiestos y los distribuyó. Incluso han llegado a
reunirse en el Kurdistán iraquí varios dirigentes de las dos mayores
organizaciones kurdas, del Partido Comunista iraquí y de otras, para
comprometerse a abolir la pena de muerte en el Irak democrático tras
la caída del régimen.
Los debates a puerta cerrada entre
los partidos islamistas iraquíes (sunitas y chiítas) demuestran que
la cultura política iraquí todavía no se ha atrevido a realizar una
evaluación profunda y crítica sobre el asunto de la pena de muerte
política en el Irak contemporáneo.
No es de extrañar: el movimiento
político islamista, con la mayor parte de sus grupos, en la mayoría
de los casos ha desempeñado un papel similar al de los
neoconservadores en la cultura occidental y se ha opuesto a la
derogación de la pena de muerte basándose en la interpretación
formal y literal de la idea de matar a una persona según la Ley del
Talión (Jus Talionum) que se puede encontrar en los versículos
coránicos de las suras Al-Israa/XVII’ (versículo 33), Al-Maida/V
(32-33), Al-Anaam/VI (151) y Al-Baqara/II (178).
Se podría decir asimismo ―veinte años
después de una declaración colectiva contra la pena de muerte que
publicamos durante el bicentenario de la Revolución Francesa― que la
cultura de la abolición sigue siendo muy exigua en lengua árabe. Así
es: si sumamos todo lo que se ha escrito en declaraciones, artículos
y estudios sobre este tema apenas se alcanzan las mil páginas. Y es
cien veces más fácil hablar hoy en día de los crímenes de honor que
de la abolición de la pena de muerte.
Cuatro quintas partes de las penas de
muerte en el mundo árabe y en Irán se deben a causas políticas. Un
abogado yemení, Ahmad Alwadii, ha inventariado los casos en los que
un legislador yemení recurre a la pena de muerte y ha descubierto
126 actas dentro del código criminal y penal, 166 en el código penal
militar, 33 en el código de drogas y 90 en el código de secuestros y
de la vendetta. En cuanto a las organizaciones por los derechos
humanos, estas han subrayado que la mayoría de los casos de pena de
muerte en Irán son de naturaleza política. Es una lástima por tanto
que un islamista defienda la pena de muerte cuando el índice de
islamistas entre las víctimas de dicha pena de muerte es el más
elevado en relación con otras corrientes de la oposición política.
A primera vista, y para todo aquello
que se refiera a asesinato, se suele interpretar que los crímenes de
estado son infinitamente más violentos y graves que los asesinatos
cometidos por los individuos. Además, esta pregunta no concierne
únicamente a la seguridad del Estado, sino que es aplicable también
a las desgracias de la guerra, a las masacres colectivas y a las
agresiones. Independientemente de su grado de peligrosidad y
gravedad, se entiende también que a los crímenes cometidos por los
individuos no les influye de manera positiva la existencia, la
ausencia o la congelación de la pena de muerte.
Los conceptos de la intención penal,
de la importancia de la sanción y de su eficacia han evolucionado
tras el siglo I de la era cristiana, y dicha evolución continuó
hasta la aparición de la Lex Cornelia que eliminaba la pena de
muerte. Por ironías del destino, este quiso que con el período de
retirada de Europa, Ibn Al-Arabi fuera el primero en reivindicar la
abolición de la pena de muerte, pues «aquel que otorga la vida,
loado sea, es el único que tiene el derecho a quitarla».
Es la misma idea en la que se basó
Víctor Hugo cuando, en su discurso ante la Asamblea Nacional en 1848
durante el debate sobre la abolición de la pena de muerte, dijo lo
siguiente: «El siglo XIX es la era de la abolición de la pena de
muerte. El hombre no tiene derecho a destruir aquello que solo Dios
creó. Pues bien: es Dios el que dio vida al criminal. Así pues, los
hombres no tienen derecho a quitársela». Pero el poeta Lamartine
precedió a Víctor Hugo diez años antes ante el mismo parlamento
cuando dijo que no era la muerte lo que había que aprender a temer,
sino la vida lo que se debería aprender a respetar.
La herencia estalinista no difiere
mucho de la de la extrema derecha occidental (fascista, nazi,
neonazi, neoconservadora…) en su actitud miserable y su práctica
repulsiva de la ejecución judicial y extrajudicial. No obstante, la
colonización occidental trajo consigo la pena de muerte a los países
colonizados y la aplicó aun cuando esta ya estaba abrogada en la
metrópolis, lo que muestra a las claras una actitud de desprecio y
racismo. En cuanto a la historia de Egipto, no se puede pasar por
alto el proceso de Denshawai en 1906, que volvió a traer a este país
las sogas de la «pequeña» Bretaña junto a las ejecuciones públicas
de campesinos inocentes contra los que el tribunal Al-Makhsouma (un
tribunal mixto especial sin vinculación alguna con el código penal)
dictó penas de muerte.
Se podría decir que el siglo XX
conoció un fuerte movimiento abolicionista, durante el cual más de
120 estados se adhirieron a la abolición de la pena capital. Cierto
es que se convirtió en cuestión de orgullo para un ministro de
Justicia el preparar una ley que anulara esta pena. En semejante
ocasión, el ministro suizo de Justicia dijo lo siguiente: «Jamás
podré imaginar que un Estado en el que reine la democracia y los
principios de la humanidad pueda desempeñar el papel de “verdugo”.
El papel de un Estado es el de extirpar el mal de sus raíces, el de
trabajar con vistas a hacer entender el error a aquel que lo haya
cometido mediante la rehabilitación y la educación». Y su homólogo
belga apuntó lo que sigue: «Hemos aprendido que la forma de respetar
la vida humana consiste en rechazar fuera de contexto la muerte de
una vida humana en nombre de la ley». Por lo que respecta a su
homólogo francés, mientras se mostraba orgulloso porque Francia fue
el primer país europeo en prohibir la tortura y uno de los países
precursores en la abolición de la esclavitud, manifestó lamentar que
su país hubiera sido el último en abolir la pena de muerte en 1981,
al tiempo que atemperó su entusiasmo nacionalista (los
revolucionarios de 1789 propusieron la anulación del sistema real y
de la pena de muerte y los representantes del pueblo debatieron esta
cuestión en 1791, siendo abolida en Francia por primera vez en
1848).
¿Cuál es la diferencia entre un
caníbal que come carne humana y aquel que, en nombre de la ley,
corta cabezas de hombre como si fueran de animales? Quizá se trate
únicamente de una diferencia temporal, aunque también de
civilización. Por esta razón, el jeque Abdallah Al-Alaili consideró
la pena de muerte en el Islam como parte de los decretos temporales
y no como un decreto absoluto, como es el caso igualmente de los
castigos corporales que son, a su entender, aplicables en función de
su representación, y no en su sentido literal.
La aceptación de la congelación de la
pena de muerte por parte de varios países y de varios pensadores
musulmanes constituye quizá una etapa transitoria necesaria en el
camino hacia su abolición. Sin embargo, ¿se trata de una crisis
cultural e histórica o existen unas ideologías extremistas dentro de
nuestra vida cotidiana, ocultas tras el texto coránico, sentimientos
chovinistas reaccionarios o escudados en la peste comunitaria, que
fomentan, tomando prestada la frase de J. Imbert, «el amor de los
placeres crueles, el instinto sanguinario»?
El proceso a Sadam Husein y las
imágenes de su ejecución hicieron resurgir todos los rencores de un
pasado enterrado: fiestas el día de Aid o, peor aún, ritos de
venganza en la ciudad de la ciencia y la sabiduría, en Nayaf. El
partido político sectario ha descubierto los sentimientos más
instintivos y los ha explotado como ya hizo la «pequeña» Bretaña en
1941, cuando ejecutó a los tres oficiales nacionalistas iraquíes, y
en 1949 cuando defendió la ejecución política de los mandos del
Partido Comunista… Tal y como recordó Haifa Zankanah es su artículo
«Los programas comunista y de la Dawa (predicación) en Irak: la
ejecución es una reivindicación de las masas», publicado en el
Ittihad al-Shaab, el órgano del partido, el 13 de marzo de 1959:
«Por lo que respecta a los trabajadores de Ain, en nombre de los
niños inocentes y de las madres que los perdieron, en nombre de la
sangre pura de los mártires de Mosul… se arrastraron por esta ciudad
y sus alrededores los cadáveres de los criminales corruptos».
¡Es una vergüenza para la vida
política de un país que los eslóganes que glorifican la pena de
muerte atraviesen el conjunto de su geografía política!
Según una noticia que no ha
desmentido nadie, el gobierno iraquí está decidido a aplicar la pena
de muerte durante el primer día del 'Aid al-Adha a nueve mujeres de
las 126 que han sido condenadas a muerte todas ellas. Parece que la
«democracia» a la americana requiere la utilización de todos los
medios en las campañas electorales, la corrupción financiera
mediante sobornos, pasando por la instrumentalización de la ley
electoral y la utilización de todas las mezquindades sectarias, los
rencores enterrados y los bajos instintos. La «pequeña» Bretaña
hablará de un proceso equitativo, aunque sea contra la pena de
muerte. No se sabe aún la postura de la administración Obama, pero
es de prever que no intervendrá en la «independencia de la justicia
iraquí».
En cuanto a las estadísticas, nos
recuerdan a diario que el 91% de las penas de muerte se dan
únicamente en seis países: China, Irán, Irak, Pakistán, Sudán y los
EE. UU. La batalla que nos enfrenta a la pena de muerte es
complicada y difícil, pues es una batalla contra el salvajismo que
domina el inconsciente humano, contra el oscurantismo enmascarado de
Occidente y de Oriente y contra la sacralización de la institución
jurídica y de sus decisiones en la historia árabe e islámica
Fuente:
Al Quds Al Arabi-
العراق: الإجرام في عقوبة الإعدام
Artículo original publicado el 26 de noviembre de 2009
Sobre el autor
Haytham Manna es un autor asociado a
Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística,
de la cual Curro L. Vera es miembro. Esta traducción se puede
reproducir libremente a condición de respetar su integridad y
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