El doctor Haytham Manna fue comisionado por cinco
ONG de derechos humanos, como observador en el proceso judicial
contra Hassan El Rachidi y Brahim Sbaâ Ellil, que se abrió en
Rabat el 1 de julio de 2008.
Los acontecimientos de Sidi Ifni (ciudad de Marruecos
a 700 Km al sur de Rabat, la capital) ocurrieron el sábado negro
del 7 de junio de 2008 y han sido, sin duda, un gran desafío para el
trabajo de los periodistas en momentos críticos. El periodista es un
historiador del instante, un testigo directo que transmite de forma
inmediata los diferentes puntos de vista de los protagonistas. En
este sentido, y usando la expresión de Michel Seurat, «un sociólogo
en caliente» que debe conciliar el guión de su crónica informativa
con las deducciones lógicas, teniendo en cuenta las contradicciones
entre varias interpretaciones de un mismo suceso. Mientras que la
verificación de las informaciones puede llevar a investigadores de
otros campos a reconsiderar sus conclusiones, el periodista no puede
permitírselo, ya que está obligado a trabajar bajo la presión de la
primicia y tiene que darse prisa para transmitir sus reportajes.
En el sur de Marruecos, un
grupo de jóvenes diplomados sin trabajo hizo «una sentada» frente a
la entrada del puerto de
Sidi Ifni Ait Baamrane -una
pequeña ciudad de menos de 24.000 habitantes- a la que el destino
hizo entrar, en otra época, en la resistencia contra el colonialismo
y actualmente en la resistencia ciudadana. Los jóvenes bloquearon el
acceso al puerto, impidiendo la salida de los camiones de pescado
con destino a los depósitos frigoríficos y las fábricas de conservas
de Agadir. Se trataba de una protesta por la degradación de las
condiciones sociales de los jóvenes desempleados de la ciudad, por
el desprecio de las autoridades ante las reclamaciones populares y
por el olvido de las promesas de los responsables oficiales de crear
una zona industrial en la localidad y las estructuras de formación.
La respuesta a la sentada fue el envío, a las cinco
de la mañana, de Compañías móviles de intervención (policía nacional
marroquí, N. de T.) y policías equipados con porras, balas de plomo
y de goma y granadas lacrimógenas para dispersar a los manifestantes
y sus familias. Las fuerzas represivas no se conformaron con
golpearlos y dispersarlos, sino que además irrumpieron con violencia
en las casas las familias que se solidarizaron con las
reivindicaciones de los jóvenes, de una forma salvaje saqueando,
robando objetos, dinero y joyas personales, golpeando a la gente en
las zonas más sensibles, violando a las mujeres tras arrancarles la
ropa y profiriendo exabruptos e injurias que ofendían la dignidad de
sus víctimas (existen certificados médicos que lo demuestran).
Aunque el gobierno afirma que sólo hubo 300 miembros de las fuerzas
de seguridad para reprimir a los activistas, algunas fuentes
aseguran, por el contrario, que los represores fueron 3.000. Cinco
horas después del arranque de la operación, Sidi Ifni estaba
sometida a un bloqueo total: nadie podía salir ni entrar a la ciudad.
Varios de los jóvenes que participaron en la sentada
optaron por huir a las montañas circundantes para no caer en manos
de las fuerzas represivas.
Un informe médico que hemos recibido constata
agresiones sexuales y fuertes golpes en rostros, cabezas y oídos.
Otro certificado médico demuestra un traumatismo provocado por
desnudar, manosear y agredir sexualmente a la víctima. Un tercer
certificado establece una notable incapacidad para mover los dedos
de la mano, así como dolores insoportables y traumatismos, a causa
de una violación. Una de las víctimas de esas agresiones sexuales no
puede ahora salir a la calle ni soportar la mirada de los
transeúntes sobre su cuerpo.
Ante la ausencia de prensa nacional, que no se
publica los fines de semana, desde el día siguiente la noticia fue
transmitida por las agencias audiovisuales, las organizaciones de
derechos humanos e Internet.
Me encontré, como observador, en un tribunal donde se juzga al
cuarto poder, representado por el periodista Hassan El Rachidi,
director de la agencia de Al Jazzera en Marruecos, y al
«contrapoder», representado por Brahim Sbaa Ellil, militante por los
derechos humanos, ambos en el banquillo de los acusados por la
violación al artículo 42 del Código de la prensa (1) vigente en
Marruecos. Para completar el cuadro, una decisión política retiró la
acreditación de periodista a Hassan El Rachidi, quien se encontró
frente a la siguiente disyuntiva: o permanecía en Marruecos
cambiando de actividad o abandonaba el país para ejercer el
periodismo en el extranjero. En cuanto al militante Sbaa Ellil,
quien había sido secuestrado y detenido en la prisión central de
Salé, no le han permitido presentarse en la sala de audiencias del
tribunal de Rabat.
Tres semanas después del sábado negro, se puede decir
que el expediente judicial es enorme: los ciudadanos conscientes de
la importancia de los sucesos, hicieron fotos con sus teléfonos
celulares a los policías mientras éstos golpeaban a la gente en la
calle. Y, por su parte, los defensores de los derechos humanos
reunieron los testimonios acreditados por certificados médicos, lo
que consiguió quebrar el temor a la violencia policial y superar
el obstáculo del miedo en la gente; las mujeres, que hablaron
delante de los hombres, dieron testimonio de todo lo que habían
sufrido.
Se ha podido comprobar con absoluta claridad que en
los países donde los regímenes pretenden controlar los poderes
ejecutivo y judicial, el cuarto poder asume plenamente su papel, de
forma pacífica y esencial, en situaciones en las que no se tolera
ninguna otra expresión. No es sorprendente, por lo tanto, el
ensañamiento del poder contra el cuarto poder, se ejerza éste de
forma tradicional o moderna.
Más de 20 conocidos abogados defensores de causas
políticas trataron inútilmente de convencer al presidente del
tribunal de que era ridículo establecer un plazo de sólo 72 horas
para que la defensa examinara los incompletos expedientes de la
acusación cuando las investigaciones de la comisión parlamentaria
del gobierno y las ONG apenas habían comenzado. El presidente del
tribunal respondió a la propuesta de la defensa con un «niet»
inamovible y estableció el inicio del proceso para el 4 de julio de
2008, incluso antes de examinar seriamente la documentación y
abandonando la neutralidad exigida al poder judicial en un asunto
tan delicado.
Al día de hoy sería aventurado hablar con absoluta
seguridad sobre los sucesos en todos sus detalles. Lo que sí es
seguro, es que quienes transmitieron la información de la que
disponían a la opinión pública salvaron a decenas de personas de la
violencia desplegada por las fuerzas represivas de tal forma que
provocaron un conflicto no sólo local, sino a escala nacional. La
gente ha empezado ha hablar del regreso de los «años de plomo».
Lejos de cualquier teoría de la conspiración, sin
embargo, ¿es una casualidad que se condene al mismo tiempo a
Abdelkarim Al Khiwani (2) a 6 años de prisión en Yemen, que se
lleve a juicio a 4 jefes de redacción en Egipto, que se sancione a
la prensa escrita con un estrangulamiento económico, que se
obstaculice el periodismo en Marruecos, que varios periódicos y
revistas independientes estén prohibidos en otros países árabes y
que se esté llevando a cabo una escalada de asfixia de los símbolos
del cuarto poder en el mundo árabe?
La respuesta es muy simple, sigue habiendo sectores
autoritarios que nunca aceptarán la idea de un cuarto poder que
rechaza que lo encasillen dentro los límites de «la voz de su amo».
Notas
(1) Se castigarán con cárcel por un período de un mes
a un año y con una multa de 1.200 a 100.000 dirhams, o con una de
las dos penas, la publicación, difusión o reproducción de mala fe,
por cualquier medio, especialmente los medios señalados en el
artículo 38, de noticias falsas, alegatos, hechos inexactos,
noticias inventadas o falsificadas, aunque se atribuyan a terceras
personas, cuando dichas informaciones hayan perturbado el orden
público o causado miedo entre la población Estas mismas conductas
serán castigadas con cárcel por un período de uno a cinco años y
con una multa de 1.200 a 100.000 dirhams cuando la publicación,
difusión o reproducción pueda afectar a la disciplina o la moral de
las fuerzas armadas.
(2)
Abdelkarim Al
Khiwani,
redactor jefe del periódico independiente Ach Choura, sacó a
la luz pública el año pasado el plan pergeñado por el presidente Ali
Abdullah Saleh (en el poder desde el 1990) para que su hijo lo
sucediera en el cargo. Esta revelación llevó al presidente Saleh a
abandonar su «gran idea» y continuar en el cargo sucediéndose a sí
mismo «a petición del pueblo». Al Khilwani fue arrestado en junio de
2007, su periódico prohibido, su Web bloqueada y su familia
amenazada. El 9 de junio de 2008, fue condenado a seis años de
prisión por «ofender al presidente» y «desmoralizar al ejército». El
juez que lo condenó consideró que Al Khilwani era cómplice de los «terroristas»
de la secta zaidí del difunto jeque Hussein Badreddine Al Houti, que
desde hace varios años mantiene una resistencia armada frente al
gobierno en el norte de Yemen.
Traducido por Jorge Aldao. Revisado por Caty R