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El
Tribunal Constitucional Español, ha emitido en el día de hoy, cinco
de octubre del 2005, una resolución histórica que otorga a la
jurisdicción española la competencia jurídica para: juzgar a los que
cometen crímenes contra la humanidad, genocidios y demás graves
violaciones de los derechos humanos fuera del territorio español,
dentro de España. Así pues, y después de que Bélgica haya
retrocedido hacia atrás en el caso de Ariel Sharon, ya que la
jurisdicción belga ha vuelto a vincular cualquier demanda judicial
contra una persona, con su estancia en el territorio belga. Dicha
resolución (del TCE), le devuelve a la jurisdicción universal, su
consideración como principio básico para establecer la justicia en
España. Tal como reza la resolución del TCE: “El principio de la
jurisdicción penal internacional, está por encima de los intereses
nacionales.”
Según el
Tribunal, para activar el referido principio, sobre todo lo
referente a los crímenes cometidos fuera del territorio español,
basta con la existencia de serias y lógicas evidencias, debido a la
poca efectividad de seguir los métodos judiciales ordinarios que se
utilizan en el lugar del crimen. Ésta es la España grande, la España
que queremos, la España que ha abierto los ojos sobre la posibilidad
de juzgar a Pinochet, la España donde uno de sus Tribunales, dictó
sentencia el pasado 19 de Abril contra uno de los torturadores
militares de Argentina, Adolfo Scilingo, sentenciándole a 640 años
de cárcel por cometer crímenes contra la humanidad. Además, se
espera una sentencia contra el torturador argentino Ricardo Miguel
Cavallo. Más aun, se ha admitido la demanda de organizaciones de
derechos humanos, para reabrir los sumarios de genocidio, tortura y
asesinatos ocurridos en Guatemala, entre los años 1978 a 1986. ¿Y
por qué no, reabrir los sumarios de los criminales contra la
humanidad que han sido hasta el día de hoy, la fuente para emplear
el dinero en las ciudades veraniegas españolas, entre los que, se
encuentran varios ex responsables árabes?
Hoy
España, ha estado citada con la historia contemporánea de la
jurisdicción penal internacional. El Tribunal Constitucional
Español, rechazó las presiones norteamericanas que están en contra
de la aplicación de dicha jurisdicción (como han hecho en Bélgica),
tampoco le importó la probabilidad de que recurran a él todas las
victimas en Iraq, Palestina y los países dictatoriales del mundo
para juzgar a los que cometen graves crímenes, considerando que la
legitimidad internacional sobre los derechos humanos, está por
encima de los intereses nacionales.
Hace
unos diez días, la Audiencia Nacional ha manchado la reputación de
la Justicia Española, condenando a Taysir Alony y a otras dieciocho
personas, bajo la acusación de pertenecer o colaborar con una
organización terrorista, a unas sentencias verosímiles que nos
recuerdan a los Tribunales de Seguridad del Estado en los regimenes
dictatoriales. Entonces, el mundo contempló a la España menor, la
España de las leyes excepcionales y la guerra irracional sobre el
terrorismo. La España que transforma al miedo, en una conducta de
seguridad, y la conducta de seguridad, en una sentencia judicial, y
a la sentencia judicial, en un generador diario de rencor, racismo y
miedo al otro.
Entre la
España grande y la España menor, median diez días, tal vez algunas
semanas, a la espera de que el Tribunal recupere su juicio y decida
poner en libertad a Taysir Alony, hasta que dicte sentencia el
Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, es decir, las partes
más cercanas a la justicia y más lejanas de la politización, de los
aparatos de seguridad y de las diferentes presiones. Entonces, el
error judicial, no estaría reforzado por el mal trato y el
empeoramiento del estado de saludo de la victima.
15.10.2005 |